Hay ciudades que se recorren siguiendo un mapa. Otras se descubren dejándose llevar por el ambiente de sus calles. Y luego están aquellas que solo se entienden cuando conoces las historias que esconden sus edificios, sus plazas y sus monumentos.
Vitoria-Gasteiz pertenece a este último grupo.
Quien llega por primera vez suele sorprenderse por la tranquilidad de su casco histórico, por el equilibrio entre patrimonio y espacios verdes o por la belleza de sus plazas. Sin embargo, detrás de esa primera impresión hay mucho más: una ciudad medieval que ha sabido conservar buena parte de su trazado original, iglesias que guardan siglos de historia, palacios renacentistas, edificios que hablan de la evolución de la ciudad y pequeños detalles que muchas veces pasan desapercibidos.
Después de más de veinte años enseñando Vitoria-Gasteiz como guía oficial de turismo e historiador del arte, sigo disfrutando cada recorrido porque siempre encuentro una nueva historia que contar. En este artículo quiero compartir contigo algunos de los lugares que considero imprescindibles para comprender la ciudad desde una mirada diferente.
Cuando nos preguntamos qué ver en Vitoria-Gasteiz, la respuesta no consiste únicamente en ver monumentos. Visitar Vitoria-Gasteiz consiste en entender por qué están ahí y qué nos cuentan sobre quienes los construyeron.
Cuando empiezo las visitas siempre digo que hay que quedarse con tres ideas básicas: urbanismo medieval, iglesias góticas y palacios renacentistas.
Vitoria-Gasteiz, declarada Capital Verde Europea en 2012 (European Green Capital), es la ciudad que más ha crecido proporcionalmente desde mediados del siglo XX: de los 50000 habitantes de 1950, hasta la actualidad que ha superado los 250000, por lo que ha quintuplicado su población.
Un consejo antes de empezar
Si dispones de un solo día para conocer la ciudad, te recomiendo recorrer el Casco Medieval a pie. Las distancias son muy cortas y prácticamente todos los lugares que encontrarás en este artículo pueden visitarse caminando tranquilamente.
No tengas prisa.
Vitoria-Gasteiz es una ciudad que recompensa a quienes levantan la vista, observan los detalles y se permiten detenerse unos minutos frente a una portada, un escudo o una plaza.
1. Plaza de la Virgen Blanca, el corazón de Vitoria-Gasteiz
Si tuviera que elegir un lugar para comenzar cualquier visita, sería este.
La Plaza de la Virgen Blanca ha sido durante siglos el auténtico punto de encuentro de la ciudad y sigue siendo hoy uno de sus espacios más emblemáticos. Aquí se celebran algunos de los acontecimientos más importantes del calendario vitoriano, como el tradicional descenso de Celedón durante las fiestas patronales o la celebración de los triunfos de los deportistas de la ciudad. Por esta plaza ha pasado el Tour de Francia, la Vuelta a España o la Itzulia (Vuelta Ciclista al País Vasco). Además todos los años es lugar de paso del Ironman que se celebra en Vitoria-Gasteiz.
Sin embargo, más allá de su importancia social, la plaza permite comprender cómo ha evolucionado Vitoria-Gasteiz desde la Edad Media hasta la actualidad. Su configuración abierta y la presencia del Monumento a la Batalla de Vitoria ayudan a entender distintos momentos de la historia de la ciudad.
Mi consejo es sencillo: antes de empezar a caminar, detente unos minutos y observa todo lo que tienes alrededor. Muchas personas cruzan la plaza sin darse cuenta de que ya están leyendo el primer capítulo de la historia de Vitoria.
Una curiosidad
Aunque hoy todos la conocen como Plaza de la Virgen Blanca, durante siglos este espacio tuvo funciones muy diferentes y ha sido testigo de mercados, celebraciones populares y acontecimientos históricos que marcaron la vida de la ciudad. Cuando se construyó la plaza de Olaguíbel, denominada Nueva, a esta se le comenzó a llamar Plaza Vieja. Se trata de un lugar que une la Ciudad Medieval con los ensanches de los siglos XVIII y XIX.
2. Iglesia de San Miguel Arcángel: el templo que vigila la ciudad
Hay un momento que siempre me gusta observar cuando comienzo una visita en la Plaza de la Virgen Blanca. Mientras la mayoría de personas mira el monumento central, casi nadie levanta la vista hacia la gran escalinata que conduce a la iglesia de San Miguel. Y, sin embargo, ahí comienza realmente la historia de Vitoria.
La Iglesia de San Miguel Arcángel ocupa una posición privilegiada sobre la plaza y ha sido durante siglos uno de los edificios más importantes de la ciudad. Su silueta forma parte del paisaje urbano de Vitoria-Gasteiz y, para muchos vitorianos, representa uno de los lugares más queridos de la ciudad.
Aunque el edificio actual comenzó a construirse a finales del siglo XIV, su historia refleja perfectamente cómo fue creciendo la antigua villa medieval. En el lugar en el que hoy se alza este edificio, en 1181 ya había una iglesia dedicada a este santo, la iglesia juradera cuya historia va a ir unida a la historia de la ciudad. En ella Sancho el Sabio jura el fuero de Villa y también, cada año, el día de San Miguel Arcángel se renovaban los cargos municipales.
Pero si hay un elemento especialmente querido por los habitantes de Vitoria-Gasteiz es la imagen de la Virgen Blanca, patrona de la ciudad. Desde su hornacina preside la plaza y cada mes de agosto se convierte en protagonista de unas fiestas que reúnen a miles de personas. Es uno de esos lugares donde patrimonio, tradición e identidad local se unen de una forma muy difícil de explicar si no se vive en persona.
Un detalle que suele pasar desapercibido
Cuando acompaño a un grupo, muchas personas entran directamente en la iglesia sin detenerse unos segundos en el exterior. Sin embargo, siempre recomiendo hacerlo. Desde la balconada, junto a la escultura de Celedón, se obtiene una de las mejores perspectivas de la Plaza de la Virgen Blanca. Es un lugar perfecto para entender cómo se relacionan el casco medieval y el ensanche de la ciudad, dos etapas muy diferentes de la historia de Vitoria-Gasteiz. Desde este mismo punto podemos contemplar la réplica de la Virgen Blanca en la hornacina. Posteriormente recomiendo la visita al Museo Diocesano de Arte Sacro de Vitoria-Gasteiz para ver la original además de obras de grandes maestros de la Historia del Arte como el Greco, Alonso Cano, Ribera, Luca Giordano, Pedro de Mena, Carreño de Miranda, Gaspar de Crayer o Juan de Anchieta, entre otros.
Además, hay que observar la portada con calma, sus detalles escultóricos normalmente pasan desapercibidos cuando uno tiene prisa y, a pesar de ser el caso menos sobresaliente de escultura gótica de la ciudad, es parte de un conjunto que con San Pedro y las cuatro portadas de Santa María, es una joya del patrimonio de la ciudad.
3. Plaza del Machete: donde la política se convirtió en un símbolo
Apenas unos pasos separan la Iglesia de San Miguel de otro de los rincones más cargados de historia de la ciudad. La Plaza del Machete no suele aparecer entre los lugares más fotografiados de Vitoria-Gasteiz, pero sí es uno de los espacios que mejor ayudan a comprender cómo se gobernaba una ciudad medieval.
Según la tradición, los procuradores de la ciudad juraban cumplir fielmente sus obligaciones sobre un machete en la iglesia de San Miguel. El simbolismo era evidente: si incumplían su palabra, merecerían el mismo destino que el filo representaba.
Más allá de que el ritual haya evolucionado con el paso de los siglos, la plaza sigue recordándonos la enorme importancia que tuvieron las instituciones municipales en el desarrollo de Vitoria-Gasteiz.
Mi consejo
Este es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos y mirar alrededor. Muchas personas llegan, hacen una fotografía y continúan el recorrido.
En el plano de la ciudad de1825 esta era la plaza de la Virgen Blanca. El motivo: hasta la construcción de la hornacina en el siglo XVIII la imagen gótica estaba en uno de los contrafuertes que miraban a este espacio. Además, antes de la construcción de los Arquillos, el muro del palacio de Villa Suso era ciego, ya que cumplía una función defensiva. Además junto a la iglesia de San Vicente, construida donde estaba el castillo de la ciudad, estaba la antigua torre de los Ayala, que se convirtió en la cárcel de la ciudad en el siglo XVI. Junto a ella, la Puerta de San Bartolomé, uno de los accesos a la ciudad.
4. Los Arquillos: una solución brillante para un problema de la ciudad
Si hay un lugar que demuestra que la arquitectura también sirve para resolver problemas cotidianos, ese es el conjunto de los Arquillos. Cuando Vitoria comenzó a crecer fuera de la antigua muralla apareció un gran inconveniente: el fuerte desnivel entre la parte medieval y la nueva ciudad. La solución fue tan práctica como elegante.
A finales del siglo XVIII se construyó este conjunto de soportales y escalinatas que permitió conectar ambos niveles sin romper la continuidad urbana.
Hoy muchos visitantes atraviesan los Arquillos casi sin darse cuenta de su importancia. Sin embargo, representan uno de los mejores ejemplos de cómo el urbanismo puede integrarse con la arquitectura para mejorar una ciudad.
Un detalle que me gusta enseñar durante las visitas
Siempre invito al grupo a detenerse en mitad del recorrido. Desde allí puede entenderse perfectamente la diferencia de altura entre el casco medieval y el ensanche. Es un detalle muy sencillo, pero ayuda a comprender por qué Vitoria tiene la forma que tiene hoy.
Atravesar los arquillos a través de su calle porticada y pavimentada, además facilitaba el tránsito entre los ensanches de la ciudad medieval.
También me gusta detenerme junto a la casa en la que murió Sebastián Iradier, autor de la habanera “La Paloma”, una de las canciones más versioneadas de la historia. Incluso Elvis interpretó una versión de la misma.
5. La Casa del Cordón: un lugar con mucha historia
En pleno Casco Medieval, en la calle cuchillería, se encuentra uno de esos edificios que suelen pasar desapercibidos para quien visita Vitoria-Gasteiz por primera vez. Sin embargo, basta conocer su historia para entender que nos encontramos ante uno de los lugares más importantes de la ciudad.
La Casa del Cordón recibe su nombre del cordón franciscano que todavía puede verse labrado en su fachada. Construida a finales del siglo XV como residencia de una poderosa familia de comerciantes, pronto se convirtió en escenario de algunos de los acontecimientos históricos más relevantes de la época. Aquí se alojaron los Reyes Católicos o Adriano de Utrech. En este mismo edificio Adriano recibió la noticia de que había sido elegido Papa y su primera misa como pontífice la celebró en el desaparecido convento de San Francisco de nuestra ciudad en el que instaló su corte hasta que emprendió su viaje a Roma.
Pero además, en esta casa se dio el primer caso documentado que tenemos en Vitoria-Gasteiz de una mujer asesinada a manos de su marido. Teresa Sánchez de Bilbao era la hija de María Ruiz de Gauna y Pedro Sánchez de Bilbao y hermana de Juan Sánchez de Bilbao, el comerciante de paños que construyó la Casa del Cordón alrededor de la Torre de los Gauna. Su marido, Juan Martínez de Buendía le degolló el 1 de octubre de 1480. Fue condenado a muerte pero huyó. Isabel la Católica publicó un edicto por el que perdonaba a todos los condenados que se alistaran a la guerra contra los turcos. Juan Martínez de Buendía lo hizo, pero envió a un mercenario en su lugar. A los tres años regresó a la ciudad y María Ruiz de Gauna apeló a la reina Isabel para que ejecutara la pena de muerte. El 24 de diciembre de 1483 Juan Martínez de Buendía fue ejecutado cumpliéndose la sentencia.
Un detalle en el que merece la pena fijarse
Antes de entrar, observa con calma la fachada. Además del famoso cordón franciscano, conserva elementos que permiten entender quien era el dueño de la casa. Un medallón con la escena de la estigmatización de San Francisco de Asís, una inscripción donde se puede leer Ave María o el IHS, nos hablan de un simbolismo religioso. Juan Sánchez de Bilbao era de familia judeo-conversa y quería demostrar a sus vecinos que su conversión había sido sincera. La fachada de un palacio en la época hablaba del dueño del mismo.
Una vez dentro de la casa, la bóveda policromada del salón principal de la torre es uno de los ejemplos más bellos del gótico vitoriano.
6. La Catedral de Santa María: una restauración que cambió la forma de entender el patrimonio
Si tuviera que elegir un único edificio para explicar por qué Vitoria-Gasteiz es una ciudad tan especial desde el punto de vista histórico y artístico, probablemente escogería la Catedral de Santa María. No solo por su evolución arquitectónica desde la iglesia fortaleza hasta el edificio gótico. Ni siquiera por su impresionante historia. Lo que convierte a esta catedral en un lugar único es la forma en que ha sido restaurada.
Durante décadas, los problemas estructurales del edificio obligaron a plantear una intervención de enorme complejidad. En lugar de ocultar el proceso, se tomó una decisión que hoy parece evidente, pero que en su momento fue revolucionaria: abrir las obras al público. Así nació el proyecto “Abierto por Obras”, una iniciativa que permite a miles de personas descubrir cómo se investiga, se documenta y se restaura un monumento histórico desde dentro. El plan director de esta intervención recibió un premio Europa Nostra en 2002.
Pocas veces tenemos la oportunidad de comprender un edificio no solo por lo que vemos, sino también por todo lo que permanece oculto tras sus muros. Y eso convierte la visita en una experiencia muy diferente.
Pero además, dentro del conjunto de escultura gótica de Vitoria-Gasteiz, destacan sus cuatro portadas, las tres del pórtico occidental y la del brazo sur del crucero, la de Santa Ana. En el interior, además de admirar la propia arquitectura, también podemos disfrutar de su patrimonio mueble.
Una curiosidad
El escritor Ken Follett visitó la Catedral de Santa María durante el proceso de restauración y reconoció que aquel edificio sirvió de inspiración para algunas escenas de su novela Un mundo sin fin. Es una anécdota conocida, pero también una buena muestra del impacto internacional que ha tenido este proyecto de restauración. Actualmente este autor de best-sellers tiene una escultura en la entrada al centro de visitantes a la catedral. Creo que tiene mayor merecimiento la historiadora Micaela Portilla para tener una escultura en ese lugar por todo lo que ha contribuido al patrimonio vitoriano y alavés, así que reivindico que se realice una escultora de este referente y que se ponga en valor su figura.
7. La muralla medieval: el origen de la ciudad
Si queremos entender cómo nació Vitoria-Gasteiz, debemos mirar mucho antes de las plazas, los palacios o las iglesias. Debemos mirar a sus murallas. Gran parte del trazado del Casco Medieval sigue respondiendo a aquella villa fortificada de Vitoria fundada a finales del siglo XII sobre la antigua aldea de Gasteiz por el rey navarro Sancho VI el Sabio. Aunque hoy solo se conservan algunos tramos, caminar junto a ellos permite imaginar una villa concebida para protegerse y controlar un territorio estratégico.
Hay algo que siempre me gusta explicar durante este recorrido. Las murallas no eran únicamente un elemento defensivo. También marcaban el límite entre dos mundos. Dentro se desarrollaba la vida urbana: el comercio, los talleres, las instituciones y las iglesias. Fuera comenzaban los caminos, los campos, los bosques y un paisaje completamente distinto.
La mayor parte del trazado de muralla que se conserva actualmente corresponde al núcleo fundacional de la villa, la parte alta del cerro, es decir, donde también se encontraba la aldea de Gasteiz, lo que los vitorianos conocemos como “El Campillo” formado por las actuales calles de Santa María, las Escuelas y Fray Zacarías Martínez. La restauración de la muralla recibió un premio Europa Nostra en 2010.
Tras la conquista de Alfonso VIII de Castilla en 1200, dos años más tarde, se produce un incendio en la villa y este monarca amplía el fuero a tres calles más, las situadas en la ladera oeste del cerro (actuales Correría, Zapatería y Herrería). Se construye la iglesia de San Pedro para este ensanche cuyo muro occidental formaba parte de la muralla.
Por último, en 1256 se amplía el fuero, por parte de Alfonso X el Sabio en tres calles más, las situadas al este del cerro. De esta forma queda conformada la denominada Almendra Medieval, urbanismo que está reconocido como Bien de Interés Cultural (BIC). La rehabilitación del Centro Histórico de la capital alavesa también recibió un premio Europa Nostra en 1982.
El gran escritor romántico francés Víctor Hugo, uno de los grandes de la literatura universal, cita en una de sus obras más conocidas, Notre Dame de París, la ciudad de Vitoria como ejemplo de ciudad medieval completa.
Si solo pudiera darte un consejo…
No recorras el Casco Medieval pensando únicamente en los edificios. Fíjate también en las calles. En sus pendientes. En sus recorridos. Muchas veces la mejor lección de Historia no está en un monumento concreto, sino en la propia forma de la ciudad.
8. Iglesia de San Pedro Apóstol: una lección de arquitectura gótica
Hay edificios que impresionan por su tamaño y otros que lo hacen por los pequeños detalles. La Iglesia de San Pedro Apóstol pertenece claramente al segundo grupo. Situada en uno de los extremos del Casco Medieval, esta iglesia es uno de los mejores ejemplos del desarrollo del gótico en Álava.
San Pedro de Vitoria es un caso único en el mundo. Al formar parte el muro occidental de la muralla de la ciudad, su entrada principal se encontraba en el este. La portada además es otro de los ejemplos destacados de escultura gótica que tenemos en Vitoria-Gasteiz y conserva policromía del siglo XV.
Cuando acompaño a un grupo hasta aquí suelo hacer un pequeño ejercicio. No les pido que memoricen fechas, soy una persona poco dado a ello. Les invito simplemente a levantar la vista. Las proporciones del edificio, la altura de las naves, la luz que entra por los ventanales o la riqueza escultórica de la portada empiezan entonces a hablar por sí solas. Ese es uno de los aspectos que más me apasionan de la Historia del Arte. Cuando aprendemos a observar, los edificios empiezan a explicarse solos.
Un detalle que merece la pena buscar
La portada principal conserva un magnífico conjunto escultórico. Muchas personas pasan junto a ella sin detenerse. Sin embargo, basta dedicarle unos minutos para descubrir personajes, símbolos y escenas que se conocían en la Edad Media y que hoy una gran parte de la población no sabe leer.
9. Iglesia de San Vicente Mártir: un mirador sobre la historia de Vitoria
En el sur del cerro encontramos otro de los grandes templos de la ciudad. La Iglesia de San Vicente Mártir que ocupa uno de los puntos más elevados del casco histórico y ofrece una perspectiva privilegiada sobre la evolución urbana de Vitoria-Gasteiz.
La iglesia de San Vicente fue la última iglesia medieval que se construyó en la ciudad, ya en el siglo XV, sobre el antiguo castillo. Su cronología tardía nos refleja una tipología muy habitual en aquella época: las iglesias de planta de salón o Hallenkirche, un tipo de iglesia con soportes circulares, las tres naves a la misma altura y sin crucero. A estas iglesias también se les conoce como iglesias del Gótico Vasco porque eran los canteros del norte, especialmente guipuzcoanos y vizcaínos los que construían este tipo de iglesias.
La visita a San Vicente nos permite recorrer su paso de ronda, al ser una iglesia fortaleza, y subir a la plataforma de la torre desde la que hay unas vistas espectaculares de Vitoia-Gasteiz. Pero además, al tener las tres naves a la misma altura, se pudo habilitar una pasarela en la planta de entrecubiertas para las visitas, donde podemos ver la estructura de madera original de la cubierta del templo.
Pero hay algo que siempre intento transmitir durante las visitas. Las iglesias medievales no eran únicamente lugares de culto. También eran espacios de reunión, centros de poder y auténticos referentes visuales para quienes llegaban a la ciudad. Comprender eso cambia completamente la manera de observarlas. Ya no vemos solo un edificio. Vemos una pieza fundamental dentro del funcionamiento de la ciudad medieval.
10. Palacio Escoriaza-Esquivel: el Renacimiento llega a Vitoria
A veces tendemos a pensar que la arquitectura renacentista pertenece únicamente a ciudades como Florencia o Salamanca. Sin embargo, Vitoria-Gasteiz también conserva magníficos ejemplos de este periodo. El Palacio Escoriaza-Esquivel es, sin lugar a dudas, el más representativo.
Su fachada transmite equilibrio, elegancia y una clara influencia de las nuevas ideas que comenzaron a difundirse por Europa durante el siglo XVI. Lo interesante no es únicamente contemplarlo, es entender qué significaba construir un edificio así en aquella época. Era una forma de expresar prestigio, cultura y poder. Y precisamente por eso estos palacios hablan tanto de las familias que los promovieron como de la propia ciudad.
¿Por qué tenemos un palacio tan humanista en Vitoria-Gasteiz? Por su comitente, Fernan López de Escoriaza, médico vitoriano que fue médico y consejero de la reina Catalina de Aragón. Esta reina, aunque habitualmente se le conoce por ser la hija de los Reyes Católicos y la mujer de Enrique VIII de Inglaterra, era una mujer cultísima, a cuya corte acudieron humanistas como Erasmo de Rotterdam y de la que formaron parte otros como Tomás Moro o Luis Vives. En este contexto tenemos que entender a Fernan López de Escoriaza que se doctoró en Oxford y llegó también a ser médico del rey. A su regreso ordena la construcción del palacio pero no lo habitó porque le llama Carlos V para que sea su protomédico.
En la fachada vemos los retratos y los escudos heráldicos del médico vitoriano y de su mujer Victoria de Anda y Esquível, además en los relieves de la fachada vemos la idea de la lucha entre la Virtud y el Vicio y la Prudencia como la virtud más valorada de la época, remata la portada del dios del Sol, el dios humanista por excelencia.
En el patio interior se representa la idea de la Mansión del Amor a través de los medallones que representan a personajes de la Antigüedad Clásica.
11. Palacio de Villa Suso: siglos de historia entre sus muros
Hay edificios que parecen haber tenido una sola vida. Y otros que han sabido reinventarse una y otra vez. El Palacio de Villa Suso pertenece claramente al segundo grupo. Su origen se remonta al siglo XVI, aunque a lo largo de los siglos ha ido adaptándose a usos muy diferentes. Hoy es un espacio perteneciente al Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, pero recorrerlo supone también recorrer buena parte de la historia política y social de la ciudad.
Martín de Salinas, embajador de Fernando de Austria en la corte de Carlos V manda construir este edificio en unos terrenos que compra en la ciudad. Al parecerle insuficientes, solicita permiso para construir parte del edificio extramuros de la ciudad. Finalmente consigue el permiso pero el Ayuntamiento le pone como condición que los muros que quedaban fuera de las murallas no podían tener vanos y debían tener la misma altura y la misma anchura que la muralla de la ciudad. Además debía de conservar la muralla que atravesaba el palacio.
Es uno de esos lugares donde me gusta explicar que el patrimonio no es algo inmóvil. Los edificios cambian. Las ciudades evolucionan. Y precisamente ahí reside buena parte de su interés.
Una reflexión
Muchas personas piensan que conservar el patrimonio consiste únicamente en restaurar edificios. Yo creo que conservar también significa seguir utilizándolos y mantenerlos vivos. Cuando un edificio continúa formando parte de la vida de la ciudad, su historia sigue escribiéndose.
12. Palacio de Montehermoso: donde dialogan el pasado y la creación contemporánea
Muy cerca de Villa Suso encontramos otro edificio imprescindible. El Palacio de Montehermoso demuestra que el patrimonio histórico puede convivir perfectamente con la cultura contemporánea. Su arquitectura renacentista constituye por sí sola un magnífico ejemplo del desarrollo urbano de la ciudad. Cuando en los años 90 del siglo XX se transforma en Centro Cultural del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, los arquitectos Roberto Ercilla y Miguel Ángel Campo, además de transformar el edificio para el nuevo uso, unen el palacio renacentista y el antiguo depósito de aguas del siglo XIX a través de una rampa y de un túnel que va por debajo de la calle Santa María.
El palacio Montehermoso fue muy modificado en el siglo XIX cuando se convirtió en Palacio Episcopal. Hoy podemos distinguir su estructura de alcázar con cuatro torres y patio central, sus ventanas con decoración de bolas y flores y, en el interior, en la sala Ortuño Ibáñez de Aguirre, algunos restos de la policromía original y el artesonado de madera.
Siempre me gusta recordar algo. Las ciudades históricas no son museos al aire libre. Son lugares vivos. Y precisamente por eso resulta tan enriquecedor ver cómo edificios con varios siglos de antigüedad continúan generando actividad cultural.
Una pequeña invitación
Pero además, su función actual como centro cultural permite establecer un diálogo muy interesante entre el pasado y las expresiones artísticas actuales. Si visitas Montehermoso, no te limites a admirar el edificio. Consulta también la programación. Muchas veces una exposición temporal puede ayudarte a mirar el patrimonio histórico desde una perspectiva completamente diferente.
13. El Museo Bibat: un viaje desde la arqueología hasta el arte de la impresión y de los naipes.
El Bibat Museoa es un espacio que nos permite recorrer más de dos mil años de historia. Su nombre une dos museos en uno: el Museo de Arqueología y el Museo Fournier de Naipes. A primera vista puede parecer una combinación curiosa, pero precisamente ahí reside parte de su encanto.
Mientras la colección arqueológica ayuda a comprender cómo ha evolucionado este territorio desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, la colección de naipes demuestra que incluso un objeto cotidiano puede convertirse en patrimonio cultural cuando conocemos su historia.
Siempre digo que los museos son como libros. No basta con pasar las páginas. Hay que detenerse en ellas. En Bibat ocurre exactamente eso.
Cada sala plantea nuevas preguntas y ayuda a entender que el patrimonio no se limita a grandes catedrales o palacios. También vive en los objetos que acompañaron la vida de quienes nos precedieron.
14. El Parque de La Florida: mucho más que un jardín
Después de recorrer calles medievales, iglesias y palacios, me gusta terminar el paseo en un lugar completamente distinto. El Parque de La Florida.
Muchos visitantes lo consideran simplemente un parque bonito. Y lo es. Pero también representa una forma diferente de entender la ciudad.
Cuando Vitoria comenzó a crecer durante el siglo XIX surgió una nueva manera de planificar los espacios urbanos. Los jardines dejaron de ser un lujo reservado a unos pocos y comenzaron a formar parte de la vida cotidiana de los ciudadanos.
El parque de la Florida se inauguró en 1820 y combina un espacio de jardín francés con el kiosko de la música con otro de jardín inglés con sus espacios laberínticos, grutas y cascadas.
Pasear hoy por La Florida permite comprender esa transformación. Sus caminos, la vegetación cuidadosamente diseñada, los pequeños rincones y la tranquilidad que transmite explican por qué Vitoria-Gasteiz es conocida como una de las ciudades con mejor calidad de vida de Europa.
15. El verdadero patrimonio de Vitoria-Gasteiz
Llegados a este punto quizá esperabas un último monumento. Pero creo que el verdadero patrimonio de Vitoria-Gasteiz no es un edificio concreto. Es el conjunto. Es la relación entre sus calles, sus plazas, sus iglesias, sus palacios y las personas que han dado vida a la ciudad durante siglos.
Hay ciudades que impresionan por un monumento. Vitoria-Gasteiz enamora por la armonía entre todos ellos. Quizá esa sea una de las razones por las que quienes la visitan suelen querer volver. Porque siempre queda algo por descubrir. Una portada que había pasado desapercibida. Una escultura escondida. Un detalle arquitectónico. Una historia.
Mi recomendación si visitas Vitoria-Gasteiz
Después de muchos años enseñando esta ciudad he llegado a una conclusión. No importa cuántos monumentos visites en un día. Lo importante es comprender alguno de ellos de verdad y llevarte una visión global de la ciudad. Cuando entendemos por qué se construyó una iglesia, qué simboliza una escultura o cómo evolucionó una plaza, dejamos de hacer turismo para empezar a conocer un lugar. Y esa diferencia cambia completamente la experiencia. Por eso, siempre animo a quien visita Vitoria-Gasteiz a caminar sin prisas, levantar la vista y hacerse preguntas.







