EL HOMBRE DE VITRUVIO

 

Todos hemos visto en alguna ocasión el Hombre de Vitruvio. Pero ¿qué nos dice exactamente el arquitecto romano en su Libro III, Capítulo I sobre las proporciones humanas y las formas perfectas para la arquitectura? En esta publicación os comparto el texto de la edición de Ortiz y Sanz de este fragmento de los Diez libros de arquitectura de Vitruvio.

De la composición y simetría de los templos

La composición de los templos depende de la simetría, cuyas reglas deben tener presentes siempre los arquitectos. Esta nace de la proporción, que en griego llaman analogía. La proporción es la conmensuración de las partes y miembros de un edificio con el todo del edificio mismo, de la cual procede la razón de simetría. No puede ningún edificio estar bien compuesto sin la simetría y la proporción, como lo es un cuerpo humano bien formado.

Compuso la naturaleza el cuerpo del hombre de suerte que su rostro, desde la barba hasta lo alto de la frente y raíz del pelo, es la décima parte de su altura. Otro tanto es la palma de la mano, desde el nudo de la muñeca hasta el extremo del dedo largo. Toda la cabeza, desde la barba hasta lo alto del vértice o coronilla es la octava parte del hombre. Lo mismo es por detrás, desde la nuca hasta lo alto. De lo alto del pecho hasta la raíz del pelo es la sexta parte: hasta la coronilla la cuarta. Desde lo bajo de la barba hasta lo inferior de la nariz es un tercio del rostro: toda la nariz hasta el entrecejo es otro tercio; y otro desde allí hasta la raíz del pelo y fin de la frente. El pie es la sexta parte de la altura del cuerpo, el codo la cuarta, el pecho también la cuarta. Todos los otros miembros tienen también su conmensuración proporcionada; siguiendo la cual los célebres pintores y estatuarios antiguos se granjearon eternas debidas alabanzas. Del mismo modo, pues, los miembros de los templos sagrados deben tener exactísima correspondencia de dimensiones de cada uno de ellos a todo el edificio.

Así mismo el centro natural del cuerpo humano es el ombligo; pues tendido el hombre supinamente y abiertos los brazos y piernas, si se pone un pie del compás en el ombligo y se forma un círculo con el otro, tocará los extremos de pies y manos. Lo mismo que en un círculo, sucederá en un cuadrado; porque si se mide de las plantas a la coronilla, y se pasa la medida transversalmente a los brazos tendidos, se hallará ser la altura igual a la anchura, resultando un cuadrado perfecto.

Luego si la naturaleza compuso el cuerpo del hombre de manera que sus miembros tengan proporción y correspondencia con todo él, no sin causa los antiguos establecieron también en la construcción de los edificios una exacta conmensuración de cada una de sus partes con el todo. Establecido este buen orden en todas las obras, lo observaron principalmente en los templos de los dioses, donde suelen aparecer eternamente los aciertos y los errores de los artífices.

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